Sin duda alguna, son tiempos malos los que corren. Desgraciadamente muchas personas lo están pasando muy mal. En las páginas de un periódico pude leer recientemente que cada vez acudían más personas a las consultas de psicología. ¿Qué hacer contra tanto inconveniente y contra tanta injusticia? Pude aprender del Dalai Lama que a lo que ya es malo de por sí, muchos de nosotros, le añadimos más sufrimiento. A esto lo llama él sufrimiento autoinflingido. Otro día me extenderé en explicar la importancia de aceptar el sufrimiento como un hecho natural de la existencia humana, pero hoy no toca eso. Lo que quiero explicar es que hay muchas formas de contribuir activamente a experimentar inquietud mental y sufrimiento. Aunque generalmente las aflicciones mentales y emocionales tienen causas externas, somos nosotros quienes las empeoramos (hablo de las emociones no de los hechos). Muchos sufrimientos son inevitables, pero otros tienen su causa en nosotros mismos. A modo de ejemplo, si pensamos en las injusticias de que hemos sido objeto y seguimos pensando en ellas una y otra vez, avivamos el odio, convirtiéndolo en algo muy intenso. Lo mismo puede decirse cuando sentimos apego por alguien; podemos alimentar el sentimiento pensando continuamente en lo bonita o guapa que está esa persona, y así el apego se hace más y más fuerte. ESO DEMUESTRA QUE PODEMOS CULTIVAR NUESTRAS EMOCIONES. De este modo, creo que en buena medida el sufrimiento depende de cómo se responda ante una situación dada.