En uno de esos libros que caen en mis manos de vez en cuando, sobre adolescentes, me he encontrado un texto donde explican dos conceptos importantes en la relación de entre padres e hijos, como son la vinculación y la flexibilidad. Dice el texto que «la vinculación emocional y la flexibilidad familiar constituyen dos fuerzas particularmente importantes para el funcionamiento adecuado del sistema familiar». La vinculación emocional promueve el sentimiento de pertenencia a la unidad familiar al existir proximidad afectiva entre sus miembros. confianza, aprecio, apoyo, intregración y respeto por la individualidad. Los adolescentes que mantienen con sus padres una relación de cariño y confianza, además de sentirse más seguros de sí mismos, saben respetar a los demás y establecer vínculos positivos con las personas. Por su parte, la flexibilidad familiar se relaciona con la capacidad del sistema familiar para cambiar su estructura y funcionamiento en respuesta a las demandas internas y externas que inciden en él. La flexibilidad implica, por tanto, una transformación constante de las interacciones y de las reglas familiares capaces de mantener, por una parte, la continuidad de la familia y, por otra, permitir el crecimiento de sus miembros. La identidad del adolescente está ligada a lo que hace y deja de hacer, lo que depende en parte de la flexibilidad familiar, es decir, de los límites que establecen los padres y de su capacidad para modificarlos según las necesidades evolutivas del hijo.