Muchos se preguntan si el estrés afecta a todos por igual. La respuesta es sencilla. Es individual porque se producen diferencias entre las personas en tres factores: los estresores, el organismo y las reacciones ante el estrés. En primer lugar, cada persona tiene sus propios estresores y éstos no son en absolutos generalizables (hay excepciones como los ruidos fuertes o el calor). Por ejemplo, unas personas afirman que hablar en público es algo estresante y esto le puede suceder a muchos otros, pero seguro que también conocemos a alguien a quien no le moleste hablar en público. También, podemos conocer gente que responda, que si bien al principio le costaba trabajo hacerlo, con práctica y experiencia, han podido solucionar ese problema.  En un segundo lugar está el organismo. Cada cual tiene su propio organismo con una mayor o menor resistencia al estrés. Hay personas con mucha facilidad para alterarse y siempre van sobrecargadas, mientras que las hay que aguantan niveles elevados de estrés sin inmutarse. Por último, la reacción al estrés puede manifestarse a nivel vegetativo (sudoración, dolor de estómago o sonrojarse), mientras que otros lo hacen a nivel subjetivo (sentimientos de impotencia, miedo o escasa tolerencia a la frustración).

Seria bueno, por tanto, que profundizáramos acerca de “nuestros fantasmas particulares”, es decir, en nuestros propios estresores y en nuestra forma de reacionar ante ellos. Reconocerlos podría hacernos pervenir las consecuencias negativas que se derivan de ellos.