Conviene saber que la mayoría de las decisiones que tomaremos a la largo de la vida no serán definitivas. Lógicamente estamos hablando de las malas y de las buenas. Todos nos hemos alegrado alguna vez de haber tomado una decisión correcta de la cual nos hemos sentido orgullosos y que volveríamos a decidir de igual forma en el caso de tener que tomarla de nuevo. Por el contrario, nos habremos atormentado, alguna que otra vez, preguntándonos si una determinada decisión fue la acertada. La pregunta es ¿cuántas veces las cosas no salen como uno querría, aun cuando hemos tomado las mejores decisiones? Según el doctor Paul Slovic, doctor en Filosofía, profesor de psicología en la Universidad de Oregón, muchos de nosotros especialmente en el mundo occidental, nos regimos según el criterio de que para cada problema existe una respuesta adecuada. Creemos que si pensamos con tiempo y detenimiento acabaremos dando con la respuesta adecuada. Pero, ¿qué pasa si esto no ocurre como nosotros esperábamos? Claro, empezaremos a creer que hemos tomado una mala decisión y nos sentiremos mal por eso. En oriente, el criterio es más llevadero. No creen en decisiones buenas y malas. Tienden a tomar la mejor decisión que en ese solo momento son capaces de tomar ya que eso es lo que cada uno puede hacer. Entonces, si nosotros fuésemos capaces de desarrollar esta actitud, seguramente, viviríamos más cómodos con nuestras propias decisiones. Confucio dijo: » No hay necesidad  de hablar sobre lo que se ha hecho, como no hay necesidad de culparse de lo que ya ha pasado». ¿Qué piensas ahora? ¿Tomarás decisiones aun a riesgo de equivocarte?  Recuerda, en la mayoría de las ocasiones el error es esencial para el aprendizaje.