Ya se conocen las últimas cifras del paro en nuestro país. La realidad es que hay 6.202.700 personas desempleadas. Es un gran error creer que el malestar psicológico que afecta a las personas sin empleo se deba únicamente al factor económico. En las distintas publicaciones que tratan sobre este tema con cierta seriedad nos muestran que otro factor, no menos importante, es la «ruptura» social que deja a la persona desamparada ante la necesidad de sentirse perteneciente y querida dentro de un grupo y ser aceptada por él. No podemos olvidar que el trabajo es uno de los valores de nuestro sistema. Obtener un empleo forma parte de las expectativas sociales y culturales adquiridas por el ser humano desde la infancia. Se da la circunstancia que estas expectativas se ven reforzadas en la escuela y la familia. Cuando accedemos al mundo laboral adquirimos una posición y una identidad social y personal que nos identifica. Pues bien, el desempleo interrumpe este proceso y genera una experiencia de fracaso.

Las repercusiones psicológicas van a depender mucho de las características individuales, de las circunstancias en las que se produce, de la duración del desempleo, de la posibilidad de acceder a ayudas sociales y económicas, de la formación del desempleado, del mercado laboral, etc…pero, en menor o mayor medida las consecuencias van a ser: la pérdida de autoestima, sentimientos de inseguridad y de fracaso, experiencias de degradación social, vergüenza o sentimiento de culpa, estrés y depresión. TODO ESTO HARÁ QUE EL INDIVIDUO CAMBIE EL CONCEPTO QUE TIENE DE SÍ MISMO.

Trabajar sitúa a la persona dentro de una red de relaciones con un lugar definido y una determinada función dentro de una estructura social. El desempleo lo saca de ella. Pues bien, cuando recuperamos el trabajo y con él el dinero ¿creéis que recuperamos también nuestra salud mental? o ¿creéis que el desempleo nos dejará secuelas psicológicas?