Solo puedo agradecer tu carta. A veces, en nuestro camino, nos cruzamos con personas que nos hacen pensar que «podemos». Fiel a mis principios te recordaré que uno solo se puede cambiar a sí mismo. Pues bien, eso es lo que has hecho tú, cambiar. Te diste cuenta que podías y, lo más importante, lo hiciste. Abriste los ojos a tiempo. Fuiste capaz de vivir sin cuestionarte tanto la vida. Vivir es un precioso regalo. Tu carta es «tu propio regalo». Has dejado por escrito la toma de conciencia de tu cambio. Ya nada te ata al pasado. Estás construyendo tu día a día desde tu nueva perspectiva. Has creado para ti lo que llevabas tiempo persiguiendo. Yo por mi parte disfrutaré de tu triunfo porque formé parte de tu camino hace ya varios años. Un abrazo.